martes 17 de noviembre de 2009

Coto de Bujaruelo (Huesca) abundante población de truchas pero ¿Dónde están las grandes?


De nuevo desde este espacio Web destinado a cuestiones afines a la pesca continuamos hablando de tierras aragonesas. Ya finalizando la temporada tuvimos ocasión de visitar uno de esos cotos cuyo nombre no deja de aparecer en webs y escritos diversos de prensa especializada sobre pesca. El escenario fue el coto de Bujaruelo, cercano a la localidad oscense de Torla. Con un caudal moderado el río Ara nos permitió disfrutar de unas impresionantes vistas y una estupenda jornada de pesca. Se trata de un coto de captura y suelta, lo cual asegura en parte la existencia de trucha, pero el hecho de acudir a finales de temporada, la falta de experiencia en el manejo de la cola de rata y la audacia del salmónido para detectar los engaños de los pescadores nos hacia pensar que la jornada resultaría prácticamente infructuosa.
Llegado a pie de río cerca de las 10 de la mañana, montamos nuestras cañas de látigo. Dado que se trata de un río bastante ancho y la posibilidad de enganches con la vegetación era reducida decidimos usar cañas de 9 pies y acción de punta. No es que seamos unos entendidos en la elección de la caña, pero supusimos que con estos materiales tendríamos mayor facilidad para desplazar nuestras imitaciones a una distancia media.
Tras unos primeros lances de adaptación, una truchita nos dio una grata sorpresa al morder sin vacilar una imitación de tricóptero en fase adulta al paso por una chorrera. A continuación se sucedieron multitud de picadas, la gran mayoría fallidas a causa de la falta de pericia en el clavado de los pescadores. El río estaba plagado de truchas, eso si, bastante pequeñas. Pero que nos concedieron el privilegio de disfrutar de una estimulante jornada de pesca en un lugar de belleza prácticamente indescriptible.
Durante nuestras andanzas por el Pirineo Aragonés tuvimos ocasión de observar como las truchas por estos lugares son de rápidas a la hora de morder el engaño, pero las de Bujaruelo se llevan la palma. Acostumbrados a la pesca de arcoiris de repoblación, cuando pescamos en el Pirineo descubrimos que nosotros estábamos acostumbrados a ver picadas a cámara lenta.Ya transcurrida la jornada de pesca, era el momento de pensar en retomar la carretera para regresar a casa, mientras, multitud de imágenes aún instaladas en nuestras retinas van encontrando lugar para acomodarse en nuestros recuerdos.