En primer lugar saludos a todos aquellos lectores y/o lectoras de estas líneas. En esta ocasión nos acercamos a tierras aragonesas, a escasos kilómetros de nuestra vecina Francia. Baste la pureza de sus aguas, el verde de sus parajes y la riqueza de su gastronomía para que cobre sentido hacer eco de esta nuestra andanza por esa tierra de ensueño. Aún con esto, será punto de nuestra atención la pesca del salvelino, salmónido de apariencia similar a la trucha común aunque realmente está emparentado con la trucha alpina. Pese a que los tamaños que encontramos generalmente en nuestras aguas no exceden los 40 cm, podría perfectamente, con una cantidad de alimentos considerable en su hábitat, alcanzar 80 cm y hasta 10 kg de peso. Cabe destacar que no se trata de una especie autóctona, sino que fue introducido en nuestro país, procedente del noroeste de Norteamérica, en 1984.
El escenario en el que nos desenvolvemos se encuentra entorno a los 1800 mt sobre el nivel del mar y el curso fluvial que alberga nuestro objetivo cobra forma de arroyo, poco caudal, corrientes débiles y aguas muy oxigenadas y frías. La cantidad de alimento en estas aguas está bastante limitada entre otras cosas por que con la llegada de las primeras heladas las precipitaciones caen en forma de nieve y el paisaje se torna completamente blanco. Así pues será ya en primavera con el deshielo cuando el salvelino dispondrá de la mitad del año para perpetuarse y
conseguir reservas alimenticias suficientes para afrontar los rigores del invierno.Por nuestra parte organizamos una jornada de pesca en su honor. Utilizando para ello, con más ilusión que destreza, las artes de la pesca con mosca seca.
Tras estacionar nuestro vehiculo pasados unos kilómetros la población de Canfranc comenzamos una caminata hacia nuestro lugar de pesca que nos ocupó unas dos horas de marcha ascendiendo. La belleza del paraje nos dejó impresionados y pese a que intentamos recoger sus imágenes con cámaras, reconocimos que solo la vivencia en primera persona puede garantizar la transmisión de determinadas sensaciones.
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Al fin llegamos a un buen punto para comenzar la pesca. Montamos las cañas de látigo y llegan las primeras dudas, ¿Qué mosca pongo? Javier nuestro amigo y guía, nos recomendó unas imitaciones de una especie de escarabajo negro montado a base de foam con una capuchita de foam rojo como indicador de picada. Montada en un anzuelo estándar para seca del nº 14 fue crucial para disfrutar de una jornada de pesca inolvidable.
El escenario de pesca requería manejarse con poca línea y
depositar nuestra imitación con delicadeza y precisión. Pues el reducido caudal del arroyo, los enganches con piedras y ramas y la transparencia de las aguas no eran factores que jugasen a favor del pescador. La pesca era tranquila, avanzando con nuestros posados de mosca palmo a palmo, sin duda una difícil pero enriquecedora experiencia.Una vez efectuados los primeros lances y sus consiguientes enganches
con piedras y vegetación encontramos la forma de nuestra imitación tocase el agua. Las primeras picadas no se hicieron de esperar, los salvelinos tomaban sin recelo nuestras moscas. Las picadas eran extraordinariamente rápidas, tanto que si parpadeábamos en el momento de la subida del pez nos pasaba inadvertida. Ver como el pez rompe la cristalina película del agua para engullir la imitación que circula a la deriva es una experiencia de pesca incomparable. Pocos momentos de pesca son capaces de reconfortar tanto al pescador. +copia.jpg)
La jornada fue transcurriendo y con ella llegaron numerosas capturas, no podría dar un nº exacto de capturas pues la intensidad de este tipo de pesca nos mantenía absortos en si misma.
En cuanto a los equipos matizar que se trataba de cañas de 8 pies de acción de punta y no excesivamente rígidas, líneas flotantes del nº4 y terminales del nº 12 y 10 con una longitud similar al largo de las cañas.
Entre unas cosas y otras el día tocaba su fin, así que hubo que emprender el camino de vuelta, no sin antes detenernos para refrescarnos y beber agua del mismo arroyo.
Como broche final mencionar que fue necesario disfrutar de copiosa cena en la que no podía faltar ni el vino ni el ternasco. Los encargados de prepararnos la cena fueron un matrimonio que regenta el restaurante “La Jacetania”, un restaurante típico estilo medieval situado en la población de Castiello de Jaca, al paso por la carretera de Jaca a Candanchú. Lugar que me permito recomendar, sin ningún género de dudas, a cualquier persona que quiera disfrutar de una buena mesa, una rica y abundante gastronomía y una atención exquisita a un precio mucho más que razonable. El telefono del restaurante es 974350069, desde aquí les enviamos un cordial saludo.Ya bien entrada la noche era el momento de retirarnos a descansar a la tranquilidad y confort que ofrecía la casa rural de Baros donde estábamos alojados.
Este es el video :
